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Don García Sánchez III, conocido “el de Nájera”, fue el primogénito legítimo de Don Sancho el Mayor de Pamplona, hizo de esta villa najerina una de sus principales capitales itinerantes, incorporando la ciudad al reino de Pamplona con toda su área de influencia. Su reino era homologable a muchos otros reinos cristianos europeos de la época, en la que la articulación de Nájera y sus tierras formaron un muro frente a las reiteradas expediciones armadas cordobesas, defendiendo las tierras meseteñas a través de sus baluartes de Álava, la Rioja y tierras burgalesas de la Castilla vieja.
Nájera siguió siendo el centro organizador de su periferia inmediata hasta la marca fronteriza de Tutelilla (según la crónica de Albeada del año 976). La tierra najerina era la profunda y vital frontera sur del reino que se repobló y donde los títulos nobiliarios eran los de barones y señores.
La importancia de la frontera sur hizo que Nájera fuera adquiriendo cada vez más importancia ya que los monasterios de San Martín de Albelda y San Millán de la Cogolla eran muy florecientes y de estos pagos la ciudad principal era Nájera convertida en su único núcleo urbano, en el siglo X fue el principal foco de irradiación económica del reino de Pamplona además de mercado de ámbito comarcal. Su escala en la ruta jacobea fue también un acicate para dotar a la ciudad de las infraestructuras adecuadas.
Erigida pronto en sede episcopal, aumenta con ello su peso político y es elegida por los monarcas como residencia preferida, sobre todo al construirse la abadía de Santa María llamada “la Real” por ser también residencia de Don García y su esposa. En esa época los reinos tenían capitales itinerantes, donde celebraban: Aulas Regias, Curias, Cortes y Consejos… según los asuntos a tratar. Con Don García la importancia de Nájera fue indiscutida, tanto que se llegó a hablar del reino de Nájera, por la preferencia del rey por esta ciudad, desde donde ejercía control sobre una sociedad compacta y jerarquizada, sin fisuras y que quería al monarca que tanto les había beneficiado.
Don García fue un caballero profundamente piadoso, impulsivo, generoso, soñador y altanero que descansa junto a su esposa Doña Estefanía en el real pant eón najerino de la abadía que él contribuyó a construir y que sigue siendo hoy un magnífico testimonio monumental y noble referencia de su importancia en el antiguo reino de Pamplona.
Don García “el de Nájera” heredó integro de su padre el reino de Pamplona, ya que era su primogénito legal, este reino incluía la Castilla vieja (Álava y Vizcaya, además de algunas tierras de Burgos). Durante su reinado tuvo que pelear con el “taifa” de Zaragoza y consolidar las posiciones del valle del Cidacos, ampliando la diócesis en el eje Calahorra-Nájera. A la abadía najerina de Santa María, donde pasaba largas temporadas, otorgó diezmos y otros privilegios que la enriquecieron y significaron sobre otros monasterios de su reino.
Las relaciones con sus hermanos no siempre fueron buenas, quizás mejores con Ramiro de Aragón, mayor que él y, más conflictivas con Fernando, su hermano pequeño, conde de Castilla, con el que se enfrentaría en Atapuerca el 1 de septiembre de 1054, con funestas consecuencias para el najerino que muere en esa batalla.
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